El único superviviente: ‘Escuché a José gritando que se ahogaba’

El único superviviente: ‘Escuché a José gritando que se ahogaba’

 Logo el Mungo                         RAMÓN RAMOSGranada

Actualizado: 09/04/2015

«Tenían a José Antonio en la camilla y no entendía por qué no lo subían. De repente, dieron un pequeño tirón y la camilla se fue al agua». Es el momento más trágico de un accidente relatado en primera persona por Juan Bolívar, el único superviviente de la expedición española accidentada en el Cañón del Wantras, en la cordillera del Atlas, en Marruecos. Sus otros dos compañeros fallecieron. Y de su relato se deduce un extremo que una segunda autopsia deberá esclarecer:José Antonio Martínez murió ahogado, víctima de la maniobra de los gendarmes encargados de llevar a cabo el rescate.

Bolívar ha esperado un día, desde su evacuación y regreso con su familia en Granada, para comparecer ante la prensa, una vez que los cadáveres de sus dos compañeros ya están en España -aterrizaron ayer en el aeropuerto madrileño de Barajas-. De su relato salen malparadas las autoridades marroquíes y unos equipos de rescate que llevaron a cabo una «chapuza». Conclusión: «Esto ha sido un asesinato», afirma Bolívar, policía nacional destinado en Madrid. Y precisa: «Da igual que tardasen cinco días en llegar. Si nos hubieran encontrado el lunes, con la operación que realizaron también lo habrían matado». El superviviente culpó a los gendarmes de «dejarlo en el agua» tras caerse en una catarata cuando estaba en la camilla. «Yo, sin fuerzas, escuchaba a José gritando que se ahogaba», dijo entre sollozos.

El accidente se produjo el 29 de marzo. Iban ya 12 horas de caminata cuando decidieron tomar un pequeño descanso para comer y reponer fuerzas. Así se inicia el relato que Juan Bolívar guarda en su memoria. Los planos topográficos indicaban lo previsto: un desnivel de unos 500 metros que deberían sortear porque una cascada que no podrían vadear impedía proseguir el camino. Encontraron la garganta por donde tendrían que trepar y Gustavo inició la escalada, mientras José Antonio «estaba dando cuerda» y Juan se quedaba «abajo recogiendo materiales y mochilas». Con el ruido de la cascada «no se escuchaba si estaba libre la cuerda». Al fin, José Antonio decidió subir para establecer contacto visual con el compañero que le precedía. «Yo los vi juntos», recordó Bolívar, pero un momento después de aquella visión «como si fuera una película, los dos estaban cayendo». El policía nacional se estremecía entre sollozos al relatar el instante.

«No piensas en lo que está pasando», rememoró mientras recompone los momentos que siguieron a la caída. Llegó primero hasta José Antonio: «Estaba convulsionando». Después, hasta Gustavo: «Lo llamé, intentaba hacerlo reaccionar. No tenía movimientos. Lo di por muerto».

Momento duros. «Bajé a por José Antonio, que era al que tenía que aguantarle la vida. Le ayudé a quitarse el arnés, lo desenganché de la cuerda, le puse ropa de abrigo. Empezaba a anochecer. Hacía frío. Busqué una especie de descansillo fuera de la nieve, le hice una especie de iglú, como pude me puse ropa seca y pasé así la noche».

Una noche. Y otra. Así hasta cinco agónicos días, bajo la responsabilidad de mantener con vida a su compañero, hasta el instante en que escuchó «voces en lo alto, al lado contrario, personas con cuerdas» que le hacían señas. «Piensas que ya te puedes dejar llevar».

Pero lo peor de la pesadilla estaba por llegar: «Me llegan una camilla y veo que nadie baja. Por señas me dicen que lo suba yo. Me niego, yo no soy médico. Les digo que no, que bajen, que ellos son los expertos. Bajó uno, puso a José Antonio en la camilla. Estaba vivo. Le digo que cinco minutos, que nos vamos a casa (sollozos). Ayudé a los que creía que lo iban a subir. Me extrañó que no tensaran la cuerda. No sé por qué la camilla no subía, no era lógico. Y de repente, un pequeño tirón y la camilla va directa a la catarata. El gendarme ya no sabía que hacer. ¿En qué cabeza cabe que una persona sola va a subir a pulso un cuerpo de 80 kilos por una ladera de 300 metros? Allí pasó la noche, en el agua. Yo, sin fuerzas, lo oía: ‘Me ahogo’. Pero el gendarme intentaba tranquilizarme: ¡Que no, que tiene la cabeza fuera del agua’. Fue lo único que me dijo. Al día siguiente, tras una noche en el agua, falleció».

El montañero superviviente no pudo contener las lágrimas al recordar a sus compañeros y esos momentos trágicos. «Estaba dando ánimos, hablándole a José Antonio de sus hijos, dándole de comer, curándolo… Y llegan… cinco minutos que se lo dejo a los gendarmes y me lo matan».

Los familiares de José Antonio Martínez y la Federación de Espeleología tienen intención de poner una demanda judicial contra las autoridades marroquíes y los equipos que intervinieron en el frustrado rescate.

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